PISTOLWHIP, de Matt Kindt y Jason Hall


Vivimos en un constante presente. Todos podemos mirar atrás, hacia nuestro pasado, y hacer un repaso exhausto sobre unos recuerdos que se van alterando ligeramente con el paso de los años, adentrándonos en el peligroso vórtice de las distintas realidades que podrían haberse sucedido si hubiésemos tomado una decisión alternativa en vez de las que escogimos en ese preciso instante. Sin embargo, no sirve absolutamente de nada. El pasado es aquello que queda ahí para vanagloriarnos o hundirnos en la miseria cada vez que echemos la vista atrás, convirtiéndose en una constante con pequeños cambios ocasionados por los fallos de memoria que va refrescándose con nuevos recuerdos, como si de una fuente sin fin se tratara. Pero el caso del futuro es todavía peor. Sin entrar en temas de supersticiones sobre si existe un destino o es un cúmulo de casualidades o desdichas que van marcando nuestro devenir, la verdad es que avanzamos totalmente a ciegas a un presente venidero. Personalmente, mi vida se ha visto marcada por una retahíla de malas decisiones, situaciones rocambolescas y giros de guión inesperados que me han llevado a estar sentado escribiendo sobre cómics y parras mentales. Lo que es seguro es que toda acción tiene su pertinente reacción, o si no que se lo digan al misógino de Isaac Newton.

Con esta filosofía barata de que todo está conectado, sobre todo pasado y presente, y con el juego que da un futuro incierto y traicionero es como nos presentan Jason Hall y Matt Kindt una recopilación de historias que giran, de una forma u otra, alrededor del detective privado Mitch Pistolwhip y la pobre desgraciada de Charlie Minks. Es más, en esta última versión se recoge todo lo que se escribió posteriormente a Pistolwhip, cerrando situaciones abiertas o generando todavía mayor controversia y ambigüedad en algún que otro objeto, como sería el caso de la caja de Mephisto. Como ya nos tiene acostumbrados el guionista americano nos muestra un universo en el que nada es lo que parece a primera vista y en el que cada pequeño detalle sirve para enriquecer todavía más una trama simple que se va enrevesando con el paso de las páginas. Además, también tiene algún que otro momento para hacer duras críticas a la sociedad, con especial énfasis a Fredric Wertham y su demonización de los cómics y la música en su libro La Seducción del Inocente, aunque en realidad lo utiliza como ejemplo para criticar a todos estos falsos gurús que llevan al pueblo a la alarma de algo totalmente inocuo.


La cuestión es que este tipo de historias en el que se mezcla estilos como el detectivesco con toques noir y algún que otra pincelada sobrenatural o folklórica, es algo que se le da a las mil maravillas al bueno de Kindt. De hecho, no sé hasta qué punto habrá tenido que ver Hall en los guiones finales, más que nada después de haber leído alguna que otra obra de este primero con un marcado corte como el de Pistolwhip, pero siendo la evolución lógica de este, como sería el caso de Mind MGMT, quizá uno de los mejores cómics que he leído en los últimos diez años. Era cuestión de tiempo que terminase leyendo las primeras obras del autor norteamericano en pos de encontrar las primeras semillas que terminaron germinando en semejante obra. Además, he desarrollado cierto cariño por su estilo artístico, muy parecido al de Jeff Lemire, pero con la característica de saber transmitir mucho más con mucho menos, haciendo de la sencillez su arma principal. Un artista que sabe narrar visualmente a las mil maravillas todas esas historias que pasan por su retorcida mente, haciendo que nos olvidemos de la supuesta calidad del arte y nos metamos de lleno en el cómic desde el principio.

La obra fue publicada originalmente en el sello editorial independiente americano de Top Shelf, uno de esos sellos que la gente desconoce pese a la importancia que tienen en el mundo del cómic en USA. Y no lo digo por decir, ya que nos encontramos ante la editorial que siempre termina metiendo más de un título suyo en la lucha de los premios Harvey o Eisner, ganando en alguna que otra ocasión. De hecho han publicado obras de personajes tan interesantes del medio como son Alan Moore, Jeff Lemire, Harvey Pekar, Kagan McLeod, Doug TenNapel o Zander Cannon, entre muchos otros. Esta casa indie fue creada en 1997 por Chris Staros y Brett Warnock, dos personas muy metidas en el mundo del cómic underground y que ya trabajaron juntos en proyectos como Primal Groove Press, que pasaría a llamarse Top Shelf unos años más tarde. La idea original para su creación fue la de cambiar la percepción del público frente al mundo de los cómics, junto con sellos “hermanos” como Drawn and Quarterly, Fantagraphics o la desaparecida Highwater Books. Debido a su naturaleza independiente, la distribución de sus obras siempre ha estado ligada a otras editoriales de mayor renombre, por lo que no es de extrañar que hace un par de años IDW Publishing se hiciera con los derechos de Top Shelf, convirtiéndose en un subsello de esta primera en un intento loco de varias editoriales independientes de crecer en el mercado americano mediante la adquisición de otras más pequeñas o en condiciones más desfavorables. Pero eso ya es otra historia...


Por desgracia, no contamos con edición en castellano de la obra, ya que ninguna editorial española se ha aventurado a traerlo a nuestro país. Una auténtica lástima, porque se trata de uno de los primeros trabajos de Matt Kindt como autor completo (con ciertas salvedades) en los que ya empezaba a demostrar de qué era capaz. Así que nos toca ir a morir a la versión original, que actualmente publica Dark Horse en los USA, para poder leer este maravilloso cómic que aúna a la perfección novela detectivesca, acción y misterio para contarnos las aventuras de Pistolwhip y de todo el universo que le rodea. Una lectura obligatoria para los fans del autor o los que busquen cómics diferentes a los que están acostumbrados a leer. Un cambio de aires altamente recomendable.



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